viernes, 22 de noviembre de 2013

Resurrección de la literatura

Todavía recuerdo como si fuera ayer
mi gran gloriosa vuelta de Bruselas
En cuanto ya hube tomado tierra firme
me dirigí decididamente -bulto en espalda-
a un bar cultivo de elitismos literarios
Aires bohemios -aires- y subversión de pega
yo quise reventar aquel lugar con el real extremo
de su absoluta falta de coherencia
Porque aquel frío que había pasado
porque la gran aventura real
porque se sufre
en el asfalto muy coherentemente -en especial
porque se sufre-
y porque la literatura es vida y no su opio alucinante
no había más razones que pensar
para tomarse la muy resuelta determinación:
mientras algunos demostraban su alegría
y su pedante alivio ocioso-burgués
al terminarse por fin mi delirante arenga
-incoherentemente coherente
como el frío
como la lluvia en los huesos
como ningún lugar donde dormir
como ningún espacio sin poder ser observado como paria
como todo lo cierto y particularmente físico-
yo
mecánica y ceremonial en aquel orden propio
igual que un bicho, como un
insecto despreciado
-y sí-
sabiendo bien lo que el mundillo literario
significó siempre en verdad en una urbe

En cuanto hube descendido de aquel llano pedestalicio
y ya me escabullía
ritualmente satisfecha por la puerta
algún que otro grosero rumor existencialista
se iba cociendo antes de salir Sí
algún tipo de búsqueda explicativa
a aquella muestra vergonzante de que la estatua venerada
no era sino un montón de fémures
un eco de las voces estilísticas de algún que otro espectro

Escuchad
cuando yo sé que tengo razón ya no me importa hacer el ridículo

En aquel breve viaje entendí
muy claramente lo que es literatura
Sentí tanta vergüenza que la extravié

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