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martes, 31 de mayo de 2022

Der vampir

 Mein liebes Mägdchen glaubet

Beständig steif und feste,

An die gegebnen Lehren

Der immer frommen Mutter;

Als Völker an der Theyse

An tödtliche Vampiere

Heyduckisch feste glauben.

Nun warte nur Christianchen,

Du willst mich gar nicht lieben;

Ich will mich an dir rächen,

Und heute in Tockayer

Zu einem Vampir trinken.

Und wenn du sanfte schlummerst,

Von deinen schönen Wangen

Den frischen Purpur saugen.

Alsdenn wirst du erschrecken,

Wenn ich dich werde küssen

Und als ein Vampir küssen:

Wenn du dann recht erzitterst

Und matt in meine Arme,

Gleich einer Todten sinkest

Alsdenn will ich dich fragen,

Sind meine Lehren besser,

Als deiner guten Mutter?


Mi querida y joven doncella se alza

Inflexible, rápida y firme

En todos los viejos arcanos

De una madre siempre verdadera;

Como en los vampiros inmortales,

La gente de estos portales

Cree con la fe de los mercenarios.

Pero mi Christine derrocha su tiempo,

Y desgasta de mi amor su lamento,

Hasta que yo mismo, vengado,

Brinde a la salud del vampiro

En la pálida copa de los reptiles.

Y cómo al dormir eres delicada

Hasta ti llegaré arrastrándome,

Y la sangre de tu vida será drenada.

Así podrías en vano temblar

Pues en la penumbra he de besarte,

Y sobre el umbral de la muerte

Cruzarás con espanto,

Envuelta en mis fríos brazos.

Por último os preguntaré,

Oponiendo este mundo que se abre

¿Cuáles son los encantos de tu madre?


Heinrich August Ossenfelder

domingo, 1 de marzo de 2015

Tres palabras de fortaleza


                             I
Hay tres lecciones que yo trazara
con pluma ardiente que hondo quemara,
dejando un rastro de luz bendita
doquiera un pecho mortal palpita.

                             II
Ten Esperanza. Si hay nubarrones,
si hay desengaños y no ilusiones,
descoge el ceño, su sombra es vana,
que a toda noche sigue un mañana.

                            III
Ten Fe. Doquiera tu barca empujen
brisas que braman u ondas que rugen,
Dios (no lo olvides) gobierna el cielo,
y tierra, y brisas, y barquichuelo.

                            IV
Ten Amor, y ama no a un ser tan sólo,
que hermanos somos de polo a polo,
y en bien de todos tu amor prodiga,
como el sol vierte su lumbre amiga.

                            V
¡Crece, ama, espera! Graba en tu seno
las tres, y aguarda firme y sereno
fuerzas, donde otros tal vez naufraguen,
luz, cuando muchos a oscuras vaguen.


Friedrich Schiller

lunes, 23 de febrero de 2015

Madrigal


Si Dios un día
cegara toda fuente de luz,
el universo se alumbraría
con esos ojos que tienes tú.
Pero si -lleno de agrios enojos
por tal blasfemia- tus lindos ojos
Dios te arrancase,
para que el mundo con la alborada
de tu pupila no se alumbrase;
aunque quisiera, Dios no podría
tender la Noche sobre la Nada....
¡Porque aún el mundo se alumbraría
con el recuerdo de tu mirada!




José P. H. Hernández

lunes, 22 de diciembre de 2014

El mendigo



Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios.

El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
El torrente asolador.

Y a la hoguera
me hacen lado
los pastores
con amor.
Y sin pena
y descuidado
de su cena
ceno yo,
o en la rica
chimenea,
que recrea
con su olor,
me regalo
codicioso
del banquete
suntüoso
con las sobras
de un señor.

Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje de la seca leña,
libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo como el aire libre...

Todos son mis bienhechores,
y por todos
a Dios ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.

Ni pregunto
quiénes sean,
ni me obligo
a agradecer;
que mis rezos
si desean,
dar limosna
es un deber.
Y es pecado
la riqueza:
la pobreza
santidad:
Dios a veces
es mendigo,
y al avaro
da castigo,
que le niegue
caridad.

Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...

Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.

Y a la hermosa
que respira
cien perfumes,
gala, amor,
la persigo
hasta que mira,
y me gozo
cuando aspira
mi punzante
mal olor.
Y las fiestas
y el contento
con mi acento
turbo yo,
y en la bulla
y la alegría
interrumpen
la armonía
mis harapos
y mi voz:

Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas, ni pena
que no traspire en medio del placer.
Mío es el mundo; como el aire libre...

Y para mí no hay mañana,
ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.

Vivo ajeno
de memorias,
de cuidados
libre estoy;
busquen otros
oro y glorias,
yo no pienso
sino en hoy.
Y do quiera
vayan leyes,
quiten reyes,
reyes den;
yo soy pobre,
y al mendigo,
por el miedo
del castigo,
todos hacen
siempre bien.

Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.


José de Espronceda 

domingo, 30 de noviembre de 2014

Mi voz



En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
     tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
     y agotada la carga del navío.

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
     pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
     y la ruina corre las cortinas de mi lecho.

Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
     solamente una lira, un laúd, el encanto sutil
del violoncelo, la música del mar
     que duerme, mímico eco, en su concha marina.


Oscar Wilde

lunes, 22 de septiembre de 2014

¡Guerra!


¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo
el cántico de guerra entonará,
y al eco ronco del cañón venciendo,
la lira del poeta sonará.

El pueblo ved que la orgullosa frente
levanta ya del polvo en que yacía,
arrogante en valor, omnipotente,
terror de la insolente tiranía.
Rumor de voces siento,
y al aire miro deslumbrar espadas,
y desplegar banderas;
y retumban al son las escarpadas
rocas del Pirineo;
y retiemblan los muros
de la opulenta Cádiz, y el deseo
crece en los pechos de vencer lidiando;
brilla en los rostros* el marcial contento,
y dondequiera generoso acento
se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.

Al grito de la patria
volemos, compañeros,
blandamos los aceros
que intrépida nos da.
A par en nuestros brazos
ufanos la ensalcemos
y al mundo proclamemos:
"España es libre ya".
¡Mirad, mirad en sangre,
y lágrimas teñidos
reír los forajidos,
gozar en su dolor!
¡Oh!, fin tan sólo ponga
su muerte a la contienda,
y cada golpe encienda
aún más nuestro rencor.
¡Oh siempre dulce patria
al alma generosa!
¡Oh siempre portentosa
magia de libertad!
Tus ínclitos pendones
que el español tremola,
un rayo tornasola
del iris de la paz.
En medio del estruendo
del bronce pavoroso,
tu grito prodigioso
se escucha resonar.
Tu grito que las almas
inunda de alegría,
tu nombre que a esa impía
caterva hace temblar.
¿Quién hay ¡oh compañeros!,
que al bélico redoble
no sienta el pecho noble
con júbilo latir?
Mirad centelleantes
cual nuncios ya de gloria,
reflejos de victoria
las armas despedir.

¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas!
Y al mar se lancen con bramido horrendo
de la infiel sangre caudalosos ríos,
y atónito contemple el océano
sus olas combatidas
con la traidora sangre enrojecidas.

Truene el cañón: el cántico de guerra,
pueblos ya libres, con placer alzad:
ved, ya desciende a la oprimida tierra,
los hierros a romper, la libertad.

José de Espronceda

lunes, 15 de septiembre de 2014

Eleusis

A Hölderlin

En torno a mí, en mí, la calma habita --la gente atareada,
nunca sin apuro, duerme, me da la libertad y la musa. Gracias a ti,
 ¡Oh, noche!, liberadora mía. Con blanco lino de niebla
cubre la luna la incierta frontera
de los cerros lejanos; amiga, parpadea
la clara franja del lago allá.
El recuerdo se aleja del monótono ruido del día,
como si hubiera años entre eso y el ahora.
Ante mí se presenta tu imagen, querido,
y el placer de los días que han huido; (pero) de ellos
quedan las dulces esperanzas de volverse a ver –
Ya se me dibuja la escena del abrazo fogoso,
largamente anhelado; luego la escena de las preguntas,
el intercambio de miradas que indagan secretos,
aquello que con el tiempo ha cambiado, acaso,
en el porte, la expresión y las maneras del amigo, --
la certeza gozosa de encontrar más firme,
más madura aún la vieja alianza
que ningún compromiso vence , la alianza
de vivir sólo la libre verdad, y nunca, nunca
en paz con el dogma que rige la opinión y la sensación.
Ahora negocia con la pesada realidad el deseo
Que sobre los montes y los ríos me lleva ligero a ti,
Sí, su litigio anuncia pronto un suspiro, y con él
Se escapa el sueño de dulces fantasías.
Mis ojos se elevan hasta el arco del cielo eterno,
Hacia ti, ¡oh brillante astro de la noche!
Y todos los deseos, todas las esperanzas
olvidadas emanan en torrente de tu eternidad;
(El sentido se pierde en lo aparente,
lo que llamé ‘yo’ desaparece,
me entrego a lo inconmensurable,
yo soy eso, soy todo, soy sólo eso.
Extrañado de los pensamientos que retornan,
Él teme ante lo infinito y, colmado de asmobro,
No capta la profundidad de esta intuición.
Al sentido se acerca fantasiosamente lo eterno
Que se traza con dibujos) – ¡Bienvenidas
Las altas sombras y su intocable espíritu,
De cuyas estrellas reluce la plenitud!
No me atemoriza, --siento que es también mi lugar el éter
De severidad, de brillo, que las rodea.
Ah! Saltan ahora por sí mismas las puertas de tu divino reino,
¡Oh Ceres, que reinaste en Eleusis!
Embriagado de entusiasmo me sentiría ahora
El espectador de tu presencia,
Entendería tus revelaciones,
Comprendería el alto sentido de las imágenes, escucharía
Los himnos dibujados junto a los dioses,
La suprema sentencia de tu consejo.-
Tus aulas han callado, ¡oh diosa!
¡De los altares consagrados ha huido
El círculo de los dioses, de vuelta al Olimpo,
Ha huido de la profanada tumba de la humanidad,
Ha huido del genio la inocencia al que ella ha embrujado!
Calla la sabiduría de tus sacerdotes; no hay tono de consagración
Que se haya salvado para nosotros – y en vano busca
La curiosidad del investigador algo más que amor
A la sabiduría (ella posee al buscador y
te venera) –[solo] para dominarla ¡ellos te entierran con palabras
que fueron impresas en tu alto sentido!
¡En vano! Sólo atrapan un poco de polvo y ceniza
adonde no regresará nunca tu vida.
Sí, ¡bajo la podredumbre y la desolación se sienten todavía
Los muertos eternos! -- los saciados—inútilmente— no queda
signo de tus fiestas, ninguna huella de tu imagen.
Para el iniciado fueron muchas las altas enseñanzas,
Demasiado sagrado lo profundo del sentimiento inexpresable,
Como para que lo valoraran sus signos secos.
Ya el pensamiento no atrapa el alma,
El alma que, sumida en el castigo de la infinitud
Fuera del espacio y del tiempo, se olvida y recobra, despierta, de nuevo
La consciencia. Quien quisiera hablar a otros de esto,
Hablaría en la lengua de los ángeles, sentiría la pobreza de las palabras.
Él temería, cuando lo sagrado ha sido tenido en el pensar por tan poco,
Cuando se le ha hecho tan pequeño, que el discurso le parezca pecado
Y que, vivo, cierre la boca.
Lo que el consagrado se prohíbe a sí mismo, lo prohíbe
Una sabia ley a los espíritus pobres, que no han de hacerse proclamas
De lo que en la sagrada noche se ha visto, oído, sentido:
Que su molesto ruido no perturba a los mejores
En sus plegarias, su parloteo hueco
no despierta la ira de lo sagrado, y no ha pisado
Tanto el excremento como para confiar
Lo sagrado a la memoria, --que no es para
ser juguete y útil del sofista,
que lo vende por óbolos,
ni para el saco del hipócrita sabihondo ni (tampoco)
para la vara del joven feliz, y sería tan vacío
al final, que sólo tendría raíces su vida en el eco
de lenguas ajenas.
Tus hijos, diosa, avaros, no portan
Tu honor en callejas y mercados, lo atesoran
En el reino interior de su pecho.
Por eso no viviste tú en su boca.
Su vida te honró. En sus hechos vives todavía.
También esta noche te percibo, deidad sagrada,
Que a menudo te revelas a mí en la vida de tus hijos,
¡Te presiento a menudo como el alma de sus hechos!
Eres el pleno sentido, la creencia confiable,
esa que, deidad al fin, aunque todo se hunda, nunca se tambalea.


Georg Wilhelm Friedrich Hegel

martes, 22 de julio de 2014

A Elizabeth


¿Deseas ser amada? No pierdas pues
el rumbo de tu corazón. Sólo aquello
que eres has de ser, y lo que no eres no.
Así, en el mundo, tu modo sutil, tu gracia,
tu bellísimo ser, serán objeto de elogio sin fin
y el amor, un sencillo deber.


Edgar Allan Poe

jueves, 29 de mayo de 2014

El caballero pobre


Era un pobre caballero
silencioso, sencillo,
de rostro severo y pálido,
de alma osada y franca.
Tuvo una visión,
una visión maravillosa
que grabó en su corazón
una impresión profunda.
Desde entonces le ardía el corazón;
apartaba sus ojos de las mujeres,
y ya hasta la tumba
no volvió a hablar a ninguna.
Púsose un rosario al cuello,
como una insignia,
y jamás levantó ante nadie
la visera de acero de su casco.
Lleno de un puro amor,
fiel a su dulce visión, escribió con su sangre
A.M.D. sobre su escudo.
Y en los desiertos de Palestina,
mientras que entre las rocas
los paladines corrían al combate
invocando el nombre de su dama,
él gritaba con exaltación feroz:
Lumen coeli, sancta Rosa!
Y como el rayo, su ímpetu
fulminaba a los musulmanes.
De regreso a su castillo lejano,
vivió severamente como un recluso,
siempre silencioso, siempre triste,
muriendo por fin demente.


Aleksandr Pushkin 

martes, 3 de septiembre de 2013

DIE TITANEN




Nicht ist es aber
Die Zeit. Noch sind sie
Unangebunden. Göttliches trift untheilnehmende nicht.
Dann mögen sie rechnen
Mit Delphi. Indessen, gieb in Feierstunden
Und daß ich ruhen möge, der Todten
Zu denken. Viele sind gestorben
Feldherrn in alter Zeit
Und schöne Frauen und Dichter
Und in neuer
Der Männer viel
Ich aber bin allein.


          und in den Ocean schiffend
Die duftenden Inseln fragen
Wohin sie sind.

Denn manches von ihnen ist
In treuen Schriften überblieben
Und manches in Sagen der Zeit.
Viel offenbaret der Gott.
Denn lang schon wirken
Die Wolken hinab
Und es wurzelt vielesbereitend heilige Wildniß.
Heiß ist der Reichtum. Denn es fehlet
An Gesang, der löset den Geist.
Verzehren würd’ er
Und wäre gegen sich selbst
Denn nimmer duldet
Die Gefangenschaft das himmlische Feuer.

Es erfreuet aber
Das Gastmahl oder wenn am Feste
Das Auge glänzet und von Perlen
Der Jungfrau Hals.
Auch Kriegesspiel

                       und durch die Gänge
Der Gärten schmettert
Das Gedächtniß der Schlacht und besänftiget
An schlanker Brust
Die tönenden Wehre ruhn
Von Heldenvätern den Kindern.
Mich aber umsummet
Die Bien und wo der Akersmann
Die Furchen machet singen gegen
Dem Lichte die Vögel. Manche helfen
Dem Himmel. Diese siehet
Der Dichter. Gut ist es, an andern sich
Zu halten. Denn keiner trägt das Leben allein.

Wenn aber ist entzündet
Der geschäfftige Tag
Und an der Kette, die
Den Bliz ableitet
Von der Stunde des Aufgangs
Himmlischer Thau glänzt,
Muß unter Sterblichen auch
Das Hohe sich fühlen.
Drum bauen sie Häußer
Und die Werkstatt gehet
Und über Strömen das Schiff.
Und es bieten tauschend die Menschen
Die Händ’ einander, sinnig ist es
Auf Erden und es sind nicht umsonst
Die Augen an den Boden geheftet.

Ihr fühlet aber
Auch andere Art.
Denn unter dem Maaße
Des Rohen brauchet es auch
Damit das Reine sich kenne.
Wenn aber

Und in die Tiefe greifet
Daß es lebendig werde
Der Allerschütterer, meinen die
Es komme der Himmlische
Zu Todten herab und gewaltig dämmerts
Im ungebundenen Abgrund
Im allesmerkenden auf.
Nicht möcht ich aber sagen
Es werden die Himmlischen schwach
Wenn schon es aufgährt.
Wenn aber
                  und es gehet



An die Scheitel dem Vater, daß

                und der Vogel des Himmels ihm
Es anzeigt. Wunderbar
Im Zorne kommet er drauf.




Friedrich Hölderlin

jueves, 4 de octubre de 2012

En la noche profunda

En la noche fría, absorto en la lectura
de mi libro, olvidé la hora de acostarme.
Los perfumes de mi colcha bordada en oro
se han disipado ya y el fuego se ha apagado.
Mi bella amiga, que hasta entonces a duras penas
había dominado su ira, me arrebata la lámpara
y me pregunta: ¿Sabes la hora que es?
Yan Tsentsai

Nota: tomado de El último lector, de Ricardo Piglia, donde el poema se presenta como una copia que hace Kafka en una de sus cartas para Felice Bauer.

martes, 25 de septiembre de 2012

La rosa enferma


Oh, Rosa, estás enferma.
El gusano invisible,
Que vuela en la noche,
En la tormenta aullante:

Ha hallado tu lecho
De alegría carmesí:
Y su oscuro y secreto amor
Destruye tu vida.

Nota: traducción libre y propia.
William Blake


O Rose thou art sick.
The invisible worm,
That flies in the night
In the howling storm:

Has found out thy bed
Of crimson joy:
And his dark secret love
Does thy life destroy.
William Blake