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jueves, 5 de marzo de 2015

Ciudad cero

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
—papeles y retratos
en medio de la calle...

Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.



Ángel González

lunes, 22 de septiembre de 2014

¡Guerra!


¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo
el cántico de guerra entonará,
y al eco ronco del cañón venciendo,
la lira del poeta sonará.

El pueblo ved que la orgullosa frente
levanta ya del polvo en que yacía,
arrogante en valor, omnipotente,
terror de la insolente tiranía.
Rumor de voces siento,
y al aire miro deslumbrar espadas,
y desplegar banderas;
y retumban al son las escarpadas
rocas del Pirineo;
y retiemblan los muros
de la opulenta Cádiz, y el deseo
crece en los pechos de vencer lidiando;
brilla en los rostros* el marcial contento,
y dondequiera generoso acento
se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.

Al grito de la patria
volemos, compañeros,
blandamos los aceros
que intrépida nos da.
A par en nuestros brazos
ufanos la ensalcemos
y al mundo proclamemos:
"España es libre ya".
¡Mirad, mirad en sangre,
y lágrimas teñidos
reír los forajidos,
gozar en su dolor!
¡Oh!, fin tan sólo ponga
su muerte a la contienda,
y cada golpe encienda
aún más nuestro rencor.
¡Oh siempre dulce patria
al alma generosa!
¡Oh siempre portentosa
magia de libertad!
Tus ínclitos pendones
que el español tremola,
un rayo tornasola
del iris de la paz.
En medio del estruendo
del bronce pavoroso,
tu grito prodigioso
se escucha resonar.
Tu grito que las almas
inunda de alegría,
tu nombre que a esa impía
caterva hace temblar.
¿Quién hay ¡oh compañeros!,
que al bélico redoble
no sienta el pecho noble
con júbilo latir?
Mirad centelleantes
cual nuncios ya de gloria,
reflejos de victoria
las armas despedir.

¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas!
Y al mar se lancen con bramido horrendo
de la infiel sangre caudalosos ríos,
y atónito contemple el océano
sus olas combatidas
con la traidora sangre enrojecidas.

Truene el cañón: el cántico de guerra,
pueblos ya libres, con placer alzad:
ved, ya desciende a la oprimida tierra,
los hierros a romper, la libertad.

José de Espronceda

jueves, 18 de septiembre de 2014

La música


Los trinos de ese mirlo
se derraman
sobre el fiambre más reciente
de la ciudad.
Dicen que encontraron la jeringa
colgándole del brazo todavía.
No lo sé.
Y no me importa
demasiado.
Escucho al mirlo.
Su múscia
en medio del infierno.

Roger Wolfe

miércoles, 20 de agosto de 2014

Materia


Convertir la palabra en la materia
donde lo que quisiéramos decir no pueda
penetrar más allá
de lo que la materia nos diría
si a ella, como un vientre,
delicado aplicásemos,
desnudo, blanco vientre,
delicado el oído para oír
el mar, el indistinto
rumor del mar, que más allá de ti,
el no nombrado amor, te engendra siempre.

José Ángel Valente

domingo, 10 de agosto de 2014

La muerte del papagayo


¡Murió mi papagayo!
Llorad, aves del cielo,
Al hijo docto y gayo
Del remoto indo suelo.
Con voces plañideras
Dadle, abatida el ala,
Vuelta en luto la gala,
Las honras postrimeras.

Grande fué, mas añeja
La causa es de tu llanto,
¡Oh Filomela! déja
De recordarla tanto.
Tus gemidos convierte
Que escucha el bosque umbrío,
Del papagayo mío
A lamentar la muerte.

Aves, cuantas la esfera
Cruzáis, llorad ahora;

Pero tú la primera,
Tórtola amante, llora:
Él en dulce recreo
Vivió siempre contigo:
No fué mejor amigo
Oreste ni Teseo.

Mas ¿qué contra la muerte
Pudo, mísero, aquella
Fidelidad valerte?
¿Qué el amor de mi bella?
Es inflexible el hado;
Llega el fatal momento,
¡Y caes, ornamento
Del ejército alado!

Con tu rosáceo pico
El múrice afrentaras;
Con tu plumaje rico
Las esmeraldas raras.
Con tu lengua el sonido
Que hubieses escuchado,
Volvíasle imitado
Engañando el oído.

Apenas un momento
Que del habla al cultivo
Negases, al sustento
Lo dabas fugitivo;

Pues era solamente
Alguna nuez tu vianda,
Y adormidera blanda,
Con agita de la fuente.

De la paz bendecida
Dulce amador parlero,
Te arrebató la vida
Tiro de Envidia artero.
¡Y estos así perecen,
Mientras las pendencieras
Codornices en fieras
Batallas envejecen!

¡Y, nuncio de aguacero,
Vive el grajo; el milano,
Que amenazante y fiero
Gira en el éter vano;
El buitre, que de presa
En pos hambriento vaga;
Y la corneja aciaga
Siglos morir ve ilesa!

Que es ley indeficiente
En toda la natura,
Que acabe lo excelente
Mientras lo inútil dura.
Burlón Tersites mira
Rota la hueste aquea;
Y Paris lozanea
Mientras Héctor espira.


Lleváronse los vientos
Los votos de mi amada;
Sus votos, sus lamentos,
De muerte al ver postrada
Al ave peregrina
Que con voz lastimera
Habló por vez postrera
Diciendo: "¡Adiós, Corina!"

En el Elíseo existe
Opaco un bosque: el suelo
De hierba y flores viste
Inmortal arroyuelo.
Ni á pájaros da entrada
O inmundos ó inclementes,
Que es de aves inocentes
Pacífica morada.

Allí en concordia suma,
Fénices vividores,
Cisnes de blanca pluma:
El pavón sus colores
Despliega campeando,
Y la paloma tierna
Sus ósculos alterna
Con el arrullo blando.

Entre ellos recibido
El papagayo ahora,
Empieza agradecido
A hablar de su señora;


Y el vulgo circunstante,
Atónito ó atento,
Oye su claro acento
Al nuestro semejante.

Su cuerpo ya reposa
Inanimado y leve;
Le cubre exigua losa,
Es su epitafio breve:
"Del reino de la Aurora
Vine, asombro á la gente;
Más que ave fuí elocuente
Corina fiel me llora."

Ovidio

domingo, 29 de junio de 2014

Socorro


“Socorro, socorro
socorro
Siento que la vida se me acerca
cuando lo único que quiero
es morir”.

Marilyn Monroe

viernes, 27 de junio de 2014

Transverberaciones



Tu piel es un rocío tembloroso noche arriba
una vegetación desnuda que acaricio
las justas cadenciosas dilaciones
una efusión solar este momento
sucesivo presente venturoso
que orilla lóbulos, mejillas, éxtasis precisos
descubierto discurro hacia tu cuerpo
y azules son tus voces que no sueño
de nuevo amanecida reapareces sin fronteras
y transparentemente ya el deseo afirma el reino
en el eclipse del gozo o su cenit
                                                                lo que sabemos
de estrellas fijas calmas soleadas
de un aroma de azogues deslumbrante
por las ramas y en los miembros
labios perdidos retornados rostros
fervor y una vez más recién nos conocemos
y éste es tu cuerpo y ésta la noche inmensa que se inicia
para mi mano presurosa y lenta.
                                                                   Me descubres
y en la delicia mirada beso enlace son palabra.
Es esta corporal acometida
sin enigmas
en el gesto en las voces en los ojos
toda tu gloria azul presencia poseída
por el misterio que en ti recapitula
el nacimiento del mundo de los nombres.

Luis Izquierdo

viernes, 23 de mayo de 2014

Soy Un Discurrir De Arena Que Resbala


soy un discurrir de arena que resbala
entre la duna y los guijarros
la lluvia del verano llueve sobre mi vida
sobre mí vida mía que me persigue y huye
y tendrá fin el día del comienzo

caro instante te veo
en el retroceder de este telón de bruma
donde ya no deberé pisar estos largos umbrales movedizos
y viviré lo mismo que una puerta
que se abre y se vuelve a cerrar

Samuel Beckett

sábado, 29 de marzo de 2014

Lamentaciones de un pelo de culo de mujer



I
Es duro cuando sobre la Tierra

En felicidad se ha vivido

Morir triste y solitario

Sobre las ruinas de un viejo culo.

Hace un tiempo en un bosque virgen

Fui plantado sobre la ladera

Que un puro hilillo de orina salpica

Y algunas veces un hilillo de sangre.

II
Entonces, en este soto salvaje,

Los pelos brotaban por los surcos

Y bajo su virginal sombra

Pasaban algunas felices ladillas.

¡Destino fatal! un dedo núbil

Una tarde por allá extravió su rumbo,

Y con su móvil falange comenzó a

Frotar, raspar y laborar...

III
Después del dedo, el pene le sucede,

Y, en sus apetitos ardientes,

Convocando a la lengua en su ayuda,

nos desgarra con sus ávidos dientes.

Vi irse nuestros despojos

Sobre el flujo de las pasiones,

Que toma su fuente en los testiculos

Y va a perderse en la vulva.

IV
¡Ay! la espina está debajo de la rosa,

Y así debajo del placer,

Pronto al borde del osteoma

Los chancros vinieron a desarrollarse.

Y los inhumanos condilomas

Se dibujan por todos los caminos:

En el departamento de la ingle

brincan los jóvenes potros.

V
Pero si el pasado fue propicio,

¿Por qué soñar con el futuro?

¿Y que importa la blenorragia

Cuando queda el recuerdo?

¿No he visto todos los prepucios

Tener en nuestro terreno libre acceso?

¡Aun cuando fuesen rusos,

Sobre todo cuando eran franceses!

VI
Cubrí con mi amistosa sombra

La jineta del escolar,

El miembro de la Academia,

Y el arma del carabinero;

Vi al fosfórico anciano

En un esfuerzo muy breve,

Cargar con su descarnado dardo,

Sin llegar a descargar...

VII
Vi... pero el terrón desierto

Sin más flujos ni reflujos,

Y la matriz muy abierta,

Espera vanamente el pene erecto.

Perdí, hace un año,

A mis compañeros, ya muy viejos,

Y mis bellos pelos del perineo

Han desaparecido en diferentes lugares.

VIII
En los labios de las jóvenes doncellas,

Crezcan en paz, pelos ingénuos,

Adiós, mis primos de las axilas,

Adiós, mis hermanos del ano,

Esperaba, en la última hora,

Ahogarme en el agua de los bidés,

Pero habito en un culo

Que ¡ay! no se ha lavado jamás.

IX
Había hablado ya durante mucho tiempo,

Cuando un viento vivo y precipitado,

Ruidoso, pero no inodoro,

Lo lanzó a la eternidad.

Así, todo regresa a la tumba,

Todo lo que vivió, todo lo que fue,

Así todo cambia, así todo cae,

Ilusiones... y pelos de culo.


Julio Verne