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jueves, 19 de mayo de 2022

Ella era el yo


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Romper el tiempo 

Tenía el alma y los ojos 

Rotos. 

Ella era el Yo. 

Era el Yo poético. 

Era el Yo suplicante. 

Era el Yo perdido 

Y recuperado. 

Era el Yo ficticio. 

Era el Yo supremo. 

Ella era el Yo 

Que no era yo. 

Que ni siquiera era ella 

Ella era el Yo 

Mutado en él.



Carmen B. Barcón

sábado, 25 de enero de 2014

Sombra oculta

Sombra que esperas
oculta en mi cabeza
atormentas mis días
y por supuesto mis noches.
Te noto extraña y a la vez
desgarradoramente familiar.
No escurras mis lágrimas
no aprietes mi corazón.
No se vivir ese momento estúpido
que inútilmente quieres hacerme recordar
no sé por qué rendija de mí
quieres colarlo.
Todo el mundo tiene un drama.
Yo tengo la sombra de un recuerdo
real
que nunca estuvo
fuera
de
mi
cabeza.

Carmen B. Barcón

miércoles, 8 de enero de 2014

Juramento formal

Yo, admiradora de Peter Pan
fan de los dibujos animados y de las chocolatinas
amante de las luces de colorines
estando en pleno uso de mis incapacidades
declaro con toda fidelidad que, aun estando encerrada en un cuerpo de adulta
SIEMPRE
JAMÁS
DE LOS JAMASES
me ataré los cordones de los zapatos
sentándome en el suelo.

Carmen B. Barcón

domingo, 29 de diciembre de 2013

La vida es muy larga

La vida es muy larga como para no pararse a disfrutar rascándose, una, la parte alta de la espalda.

Es muy larga como para no andar bailando por los parques y como para no sentarse tan ancha con el brazo apoyado encima de la cabeza.

Me gusta mirar el mar y las fuentes y escuchar el silencio y andar colonizando bancos de madera y pintarme los zapatos y mirarme los pies.

La vida es muy larga.

Soy una piegocéntrica... cosas de la vida, que es muy larga.
Carmen B. Barcón

viernes, 18 de enero de 2013

Sin pantalones, por favor.

No haces más que hablar y hablar
No dices más que palabras vacías
Sin sentido
Tan ridículas que queriendo ser hiriente sólo me
Desconciertan. Ya no sé ni qué me inspiras
Desde luego no es desamor
Porque nunca te he amado.
Odio tampoco
Para odiar hay que haber querido amar.
No sé ni qué me inspiras.
Hablas y hablas, emites mil sonidos por
Esa boca tuya, y yo sólo veo esos
Horribles
Pantalones
Verdes
De pana
Que siendo sinceros, te sientan fatal.

Quieres ofenderme
Y de verdad valoro tus esfuerzos
Pero no puedes pretender que
te tome en serio con esos
Horribles
Pantalones
Verdes
De pana
Gritándome desde tus piernas.

Supongo que te ofenderás
Si no me ofendo.
Creo que serás más feliz si tu esfuerzo
Hiperbólico
Tiene algún fruto
De modo que a pesar de esos
Horribles
Pantalones
Verdes
De pana
Y de mis ganas de reír
Voy a fingir que me duelen
Los puñales
Que tú crees que me estás clavando.

Fingiré, como una mala esposa
Finge un mal orgasmo
Fingiré ofenderme
Sólo
Para que dejes de mirarme con esos
Horribles
Pantalones
Verdes
De pana.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Desprohibido



Prohibido.
Está terminantemente Prohibido
hacer de la vida un largometraje
de ficción.

Está prohibido
desarrollar la vida sobre la marcha
vivir al borde y al límite, y por supuesto
cruzar el límite.

Vive cautelosamente
sé prudente
sé precavido
no arriesgues
no cures, prevén
evita la improvisación
no subas o bajes en marcha
no permanezcas al borde
no cruces al otro lado
no Vivas.

Encarga un par de kilos
de responsabilidad
que es tuya
es tu criatura.

La compañía declina:
toda responsabilida
toda responsabilida
todam responsabilidam
todae responsabilidae
todae responsabilidae
toda responsabilida.

Morir viviendo es la mejor culpa
que puede cargar un cadáver que vive.

AVISO. Quedó desprohibido indeterminadamente
1º subir o bajar de un columpio colgado de una rama
2º permanecer junto al borde de un hermoso mirador
3º cruzar una y otra vez distintas vidas para hacer una bonita trenza
Los acompañantes declinan toda responsabilidad
en los acontecimientos que pudieran NO suceder
por el incumplimiento de este AVISO.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Hablar por hablar

Se me caen los versos al andar. Me repiten las palabras, se me repiten. Van goteando en el suelo que poco a poco voy dejando atrás, como regando los pasos que ya he dado, como queriendo nutrir el camino que ya he caminado. Se resbalan los versos por mi boca. Y por mis ojos, llorando palabras que quieren tocar algún alma.

En este paraje de hierba negra, son mis versos depositados como hojas muertas, que pasan de ser árbol a ser otoño. Versos que esperan la noche, la luna, que esperan el sol, no por su luz, pues las hojas que murieron no hacen ya la fotosíntesis.

Y esta soledad me está matando, esta siniestra soledad me roba la vida y el calor, esta absurda y desquerida soledad que viene en noviembre, que busca mi amor, que me busca y me encuentra hablando de versos en un poema en prosa.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Bombeo del suburbio

Nucas en los ojos y alientos en la propia.
Goteando cada pie,
cansado,
sudado.
Desde fuera debemos ser maravillosos,
uno solo que entraña miles.
Peces, gaviotas, borregos.
Comida de gusanos escacharrados,
sucios, fríos, caldorros,
amasijo de historias.
Derecha, arriba, de frente,
izquierda, abajo,
comida.
Alimentos vomitados cada dos minutos.
Espantapájaros de los ratones,
ratas de alcantarillado.
Sucio torrente
con pulso propio, ajeno y
extraño.
Bombeo del suburbio,
latidos inherentes a Madrid.
Letras rítmicas de versos enterrados.
Desde arriba debemos parecer
maravillosos.
Ay señor Metro,
ay señor Metropolitano,
cuántos putos minutos faltan
para que mates de una vez
por todas
estos malditos versos desganados.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Me duermo estando despierta

     Me duermo estando despierta

     Me han contado que los versos malos son los que te hacen ser poeta. El viento fresquito de primavera es el que te hace moquear. ¡Y qué le voy a hacer si soy tan susceptible como una letra de tinta! Cuando me duermo estando despierta sueño la realidad, asustada como un pequeño gorrión rodeado de niños curiosos con las manos pegajosas y sucias. Soy de ciudad, nunca conocí muchos tipos de pájaros. Ni de árboles. Más adelante los que llevan gafotas, pajaritas y corbatas chillonas relatarán poéticas de la suciedad y los berretes del suelo de los vagones. ¡Y qué le voy a hacer si soy tan influenciable como una buena palabra!

     No me interrumpas con tus alardes, Mezquino, ya sé que se me olvidaron los pañuelos de papel en casa (o Kleenex, pero no cobro la publicidad). Ya sé que estamos en primavera. Ya sé que las pequeñas ruedecitas no van a dejar que me duerma. No voy a redundar.

viernes, 15 de junio de 2012

Infusiones

Brindemos y matemos por los e;bés que beben mate.

¿Cómo empezar a poetizar a personas impoetizables? ¿cómo extraer las letras de los poros de sus pieles?

El mate los ahoga, bucean en su mate, ríen, dicen palabras, luego hablan, bebiendo siempre su mate.

El mate los enloquece, los hace invisibles, impredecibles, Bárbaros, absurdos, surrealistas, coherentes.

El mate aúna su indiscutible colectividad en El Individuo. Viva Perón.

Riman sus voces, beben su mate, matan sus cuerpos, beben su mate, el elixir de la Barbarie, beben su mate, versan la vida, pero siempre beben su mate.

Como si de un ritual se tratara se pasan solemnemente el mate de la paz. Es necesario, pues al fin y al cabo, mate no deja de ser el imperativo del verbo matar.

martes, 29 de mayo de 2012

Tic, Tac...

     Él nunca quiso ser reloj. Nunca decidió ser inmortal, nunca quiso sentirse inmortal. Quería sentir asco, quería notar la podredumbre de una infección, quería notar el humo tóxico de un cigarro en sus inexistentes pulmones, quería abrazar a la muerte.
     Él nunca quiso ser reloj. Nunca quiso ser un reloj más, atado al tiempo, imperecedero en su inerte figura.

lunes, 7 de mayo de 2012

Ella era el Yo

Tenía el alma y los ojos
rotos.

Ella era el Yo.
Era el Yo poético,
era el Yo suplicante,
era el Yo perdido
y recuperado.
Ella era el Yo ficticio,
era el Yo supremo.

Ella era el Yo
que no era Yo,
que ni siquiera era ella.

Ella era el Yo
mutado en él.

sábado, 7 de abril de 2012

Huir a paso lento

     Las palabras salían de su boca, sonando vagamente, hablando sin decir nada.
     Vivía su vida, esa vida que le habían impuesto, vivía una vida, sobrevivía su vida.
     La intrahistoria le pesaba en el estómago. La banalidad, la rutina, la mediocridad, la trivialidad y la estupidez que observaba le picaba en los sentidos.
     Las ganas de huir a paso lento, de darse la vuelta, dar la callada por respuesta y caminar hasta que el frío no le dejara continuar
     Las ganas de parar, de sentarse y detener el movimiento de la esencia, hasta que la esencia dejase de ser lo esencial, hasta terminar con la ambigüedad de la existencia.
    Apagó la luz. Bajó las persianas. Arropó su cuerpo. Cerró los ojos y terminó.


lunes, 26 de marzo de 2012

Una muerte

     Con la muerte se le borró el acento. Se le apagó la voz, con la muerte se esfumaron sus palabras.

     Con la muerte la vida enroscada en la carne blanca tornó en aire, soplando como brisa suave, navegando por casualidad con bocas extrañas.
   
     Con la muerte el brillo de sus ojos se tiñó de aceite espeso, como el aire húmedo y pesado que queda dentro del ataud. Las estampas amarillas, tan fuertemente almacenadas, se vuelven polvo y arena prendidos en la toga de la pétrea mujer.
     Con aquella muerte se borraba esa vida. Con esa muerte se enfriaba esta gélida sonrisa. Con esta muerte quedaba grabada aquella vida.
     Con su muerte pasó a la atemporalidad, pasó a la eterna existencia. Con su muerte pasó a la inmortalidad.

sábado, 1 de enero de 2011

Poeta: Carmen B. Barcón

Carmen B. Barcón nació en Madrid un buen día (más bien una buena noche, ya que fue de esos be;bés que no contentos con obligar a su madre a expulsar su cabeza infantil por sus partes pudendas, decidió hacerlo de noche, pa' joder) y a los trece añitos vio la luna. La luna fue la que lió la parte poética de la susodicha, ya que desde entonces se ha dedicado a escribir una cantidad, quizás desmesurada, de lo que recientemente descubrió que son poemas en prosa (que no prosas poéticas).

Le chiflan los elefantes, los diminutivos y el color naranja. A veces se duerme cuando está despierta y se despierta cuando duerme.

A la edad de catorce años quedó tercera a nivel nacional en uno de esos concursitos para jóvenes literatos que organizaba la más que conocida marca de refrescos con gas que pudren los dientes, agujerean los estómagos y crean ridículas adicciones. Seis años después, se vio siendo una Escritora Bárbara. Ha participado en algún que otro recital por Lavapiés y de vez en cuando escucha en silencio los poemas de otros por bares curiosos de Madrid. Hasta la fecha no hay mucho más reseñable en su vida literaria (¡os parecerá poco!)

No se sabe muy bien de dónde viene ni a dónde va, pero por ahí anda escribiendo en una libreta roja por el metro y los bancos de los parques.

Actualmente estudia Filología Hispánica, niega totalmente la existencia de Bolonia, sus grados y la destrucción de la palabra “filología”. No descarta hacer algo, ahora, en el futuro o incluso en el pasado, ya se sabe que eso del tiempo lineal es un engaño de La Incisión Británica… 

Para encontrarla sólo hay que escribir un correo a carmen@barcon.es
Para observarla sólo hay que tener un poco de Soledad y Limón