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martes, 27 de enero de 2015

Y chau Buenos Aires

Ayer no pude subir al avión.
Me dijeron que era
porque no había un sitio libre.
Esta mañana supe que fue porque no llovía.
Decía Borges que al destino
le agradan las simetrías y las leves variaciones.
A todos nos tranquilizan las simetrías,
el suave beso rutinario en los labios.
Ayer no llovía.
Hoy sí llueve,
igual que aquel macilento amanecer porteño
(hace nada
                        hace ya tanto)
en que Buenos Aires me recibía
con un beso húmedo en los labios,
ya candente aun sin conocerme
(luego me demostraría su amor
de brazos pausados,
sin el ímpetu sangrante
de ese primer beso anhelado,
pero entonces aún faltaba tiempo para eso)

Ahora este avión me aleja
desbocado entre infinitas láminas
de aire
y yo no puedo dejar de preguntarme,
con ese incómodo sentimiento previo a la nostalgia
que se infla en las costillas,
cuándo volveré a poseer Buenos Aires
como si en verdad fuese mía,
cuándo volveré a perderme
entre los floridos pechos de Palermo
o en las ingles susurradas de San Telmo;
pues la única certeza que tengo en este instante
es que no partí ayer

porque era de noche y sin embargo no llovía.


19/1/2015



Luis Fuente

domingo, 5 de octubre de 2014

Deseo de la antimateria


A un colibrí

Dos cuerpos que se pliegan sobre el otro.
Tu presencia. Te huelo y siento. Escarbas.
Ver que estás pero no, que anidas mi ingle
con tu tarde confusa, a la vez marchas

deambulando un plano que no irrigan
mis arterias, por más que palpe y nada,
entre tus cauces, llenos de un latido
que asusta y ya eres otra. Ciega náusea

te vierten los manglares de tu cuerpo,
vértigo el turbio aleph de tus entrañas,
tu jauría de caos que no redime
ni un laberinto de amor. Te desangras

por los ojos soldados en la súplica
(¿y el mar dónde?), sin carne de palabra.
Tus galaxias te oprimen, mi voz yerma,
yo aquí, aquí al lado, es mi ingle que te guarda

Luis Fuente

sábado, 22 de marzo de 2014

Rutina del cumplidor obsesivo

Y cuando el tibio formalismo
del qué tal como estás? solo
cae a plomo
y cae como un roce tan denso tan denso
que se ahoga el ruido
al incrustarse
y cansado, cansado
es la voluta que se escapa,
fémur quebrado o llantito de perro
indigente,
     pero no cansado de cansado
sino cansado de sin fuerzas
cuando quiere decir ganas
y el ojo aterido de mirar
por mirar casi sin ver.

Tan solo pido diez minutos para
cagar en paz, si eso
luego masturbarme
sin mucha prisa,
tal que si después no tuviera
que hacer nada.
  24/7 correr
para tomar notas y sostener frentes
colear como un pez en el barro
y luego unas horas
-o siglos o minutos qué se yo-
de reposo hasta que
al alba canta el móvil
y canta (emocionado!)
y gime (estremecido!)
pues que me recompongo
a crujidos (solventes)
para buscar de nuevo
la cuadratura del círculo.
Luis Fuente

martes, 4 de febrero de 2014

β Com

Ven. Traje aceite y tiempo desceñidos
del invierno que inunda mis muñecas.
Llegué pronto, muy pronto, por si acaso
pudiera alzar un témpano, una esquela

de tu olor, de mujer libre, sin lluvia,
almizcle de barranco en tus caderas
o mucha sed. Grabé tu cuello o “nunca”
sobre el vientre quebrado de una piedra

y lamí, con fruición de beso, idiota
desquiciado ante el simple gusto a tierra.
Tu piel manaba suficiente limo,
sangre fértil al corte de mis yemas.

Quizás vaivén o carne o luego o solo,
siempre ávido turbión de musgo. A tientas
te perfilé en tu olor y enhebré el tiempo
siguiendo el curso lento de tus venas.
Luis Fuente

viernes, 24 de enero de 2014

El viejo y el sol

En memoria de V. Aleixandre
Es tibio lo que se cuenta
en un banco cualquiera,
como la misma tarde
o el silencio que se impone
hasta que se sienta al lado:
                viejo aéreo, arrugado
(en caso de que arrugado signifique
haber vivido tanto como para llamarlo mucho)
                viejo curvo
(“los años pesan más de lo que ahora puedes concebir”
me dirá luego).
La luz que se le acerca es recelosa
        (huele a viejo)
pero acaba por cuajarle en los pliegues,
aunque nadie parezca querer darse cuenta de ello.
Yo soy más receloso que la luz:
parece a punto de desmoronarse,
si le dirijo la palabra
a lo mejor quiebra sin remedio,
esparciendo aleatoriamente sus añicos
como un juguete en manos de un niño pequeño
        (además huele mucho a viejo).
De repente estamos hablando,
creo que un cigarro como toque en la puerta;
        y el viejo ya no parece tan frágil.
Las grietas se endurecen
conforme vuelca las palabras, se vuelve
núcleo intacto, pulido,
bloque ajeno al ciclo de lo vivo;
el viejo toma forma al perderla, consistencia
a través del recuerdo, cañaveral combado en el limo.
El viejo vomita luz por entre todo lo que antes fue musgo seco,
geoinflamado
        en una tarde
                en un banco cualquiera
        (ya ni siquiera huele a viejo,
                no huele a nada).
Lo abandono prendido de luz,
con la mirada tersa de un niño que ha descubierto
cómo unir las palabras, tan completo
que ya está de sobra mi presencia.

Y allí se queda,
luminoso, fanal de vida,
abrasando todo el espacio que lo circunda
por impacto entre lo grávido y su carne,
aunque nadie parezca querer darse cuenta de ello.
Luis Fuente

martes, 15 de octubre de 2013

Sueños de una noche de borrachera

Me bebí dos vasos de Bob esponja,
era tan dulce como amarillo y pequeño.
No vive en una piña. Le echó Bin Lade.
La culpa es de los padres que los visten como islámicos.

No culpes a la sharia por no entenderla.
Trata de rahablacionalizar tus sueños
sin el vuelo de una antorcha alcoholizada.
Tus padres solo tuvieron la culpa de seguir el instinto de la especie.

Pero es mentira eso que dicen
no hay ningún culpable salvo tú, ni alcohol ni pollas,
ni antorcha que alumbre el camino que buscabas.
Honda es esta sima que algunos llamamos mundo.

¡Viva Edipo Rey! ¡Viva David! ¡Viva nosotros!
En el fondo la culpabilidad es un recurso
un recurso de los inferiores para dominar al resto
¡Juguemos al poker con sus sentimiento!

¡Callad putas! El azar no es una excusa
y el destino solo sirve para vestir de luz a la culpa.
El único gemido que se oye no es el tuyo (ególatra de mierda)
es el de los perros famélicos que se mutilan en los arcenes.

Y no guardéis silencio,
no dejéis en manos de monedas al destino.
Cara o cruz no son lo que desvive al alma, ajenos
de aqueste paraíso que sacia a aquel domado.

Un saxofonista en un tejado ajado
Persefone persiguiendo al viento que ni la toca
y el pecado del mañana tatuado en la espalda
la música sigue jugando como un niño travieso.

El pecado fue un invento de algún dios
(quizás como la música o la nuca de Ferpésone).
¿Alguien tendría la amabilidad de cegar el saxofón
que me está reventando la carótida? Nada se andará.

Ahora reintentar los pasos es para profetas.
Todas las deidades se inspiran en el ritmo.
Da igual instrumento utilizado, más no quiero.

(Pausa para potar)

El alma de Dios es Louis Vuitton, y Gucci quizás
me gusta cuando fallas porque estas explotando.
El mundo es. Parece. Y esta. Yo no. Me niego.
Vamos a jugar a pilla pilla confiando en perder.

La derrota es para los eunucos.




La Trinidad &
Luis
Vade Retro
Julio Achútegui