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sábado, 21 de julio de 2012

(Mi lengua es un desierto de océanos antiguos)

Mi lengua es un desierto de océanos antiguos.

Buceo por el alma de las minas,
enterrado hasta la laringe
con los cartílagos mugrientos
por la hulla de los años,
trago la tierra con el grito
de cien mujeres lapidadas
y digiero sus piedras como hojas de cuchillo.

Mi lengua lame sangre en un desierto

y tiñe de bermejo el horizonte,
el orificio, la herida, el labio
                                        circunflejo
es parte de la piel que se retira.
Si un mar entrase ahora por mi cuerpo,
                                        si una corriente
navegara celeste por mis venas,
podría vomitar sobre esta vida
          la creación del dios de mis adentros.
Transformar a los peces en arena
y degustar la sal de océanos antiguos.

Mi lengua es el hogar de los desiertos.

Recuerdo que cerré los ojos
y sentí el aire tibio y el cráneo en carne viva.

La sangre fluye como el olor metálico,
y la voz del canario me revienta los tímpanos.
Tengo un millar de vidas en mi vientre.
Tengo las manos bautizadas en petróleo,
en la bendita mugre oscura
                    que me bebo
como la leche negra de Celán,
                         al alba,
                              al alba,
ardiendo en mi lengua

          bajo el sol musulmán de los desiertos.
Diego Medina Poveda

jueves, 24 de mayo de 2012

Láctea dieta

Atente a su chorro matutino,
hebras lácteas su sol lanza corridas
y más corren los haces que las vidas
que extasiadas descansan su pepino.

Los lances vegetales, chorro fino
de un duro surtidor nunca recibas,
nunca de príapo tintero escribas
tu húmedo amor, su disparo asesino.

Podrá darte la luz por la mañana
y con blanco fulgor negar tu día,
tapar tu boca oscura, ¿sabes Ana?

es peligroso ser letrina escueta,
la flor de lis de la ninfomanía,
tragar verdura y hacer la láctea dieta.
Diego Medina Poveda