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viernes, 27 de mayo de 2022

Vecindad de Logroño

 Anotar: en la siesta que arde

la noche voluntaria hace señas,

desde lejos, ubicua,

en la constancia amarilla. Anotar:

viñas verdes sobre tierra roja. Anotar que

la liebre, presa y escándalo,

desea al faro que la inmoviliza.

Anotar: abismos soleados

en días cuyo nombre es legión.


Juan José Saer


jueves, 26 de mayo de 2022

Cuarto solo

 Si te atreves a sorprender

la verdad de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed,

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe.


Alejandra Pizarnik

miércoles, 25 de mayo de 2022

Leche de la Underwood

 Por delicadas que sean, las mañanas

envilecen; lo destructible vacila

y lo que pareciera, frente a nosotros, perdurar,

no nos acoge, menos cruel que indiferente. Animal

anónimo, por más que grites, nadie escucha,

y ni por lejos la lengua es la que conviene.

Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,

nadie niega, pero habría que desandar,

salir, si fuese posible, del centro de la noche,

y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo.

Tantas tardes que resbalan:

ya no se sabe

en qué mundo se está, y sobre todo si se está

en un mundo. Se muerde

un fantasma de manzana, mientras sigue merodeando,

como desde un principio, lo oscuro. Destellos

de un sol de invierno en la ciudad

transparente; brillos, rápidos o lentos,

que algunos blanden como pruebas

abandonándose, soñadores, su tibieza. Entre tantas

estrellas, esperanzas: relentes

de un reino animal.



Juan José Saer

lunes, 23 de mayo de 2022

El arte de narrar

 Cada uno crea

de las astillas que recibe

la lengua a su manera

con las reglas de su pasión

-y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.


Juan José Saer


martes, 26 de abril de 2022

After such pleasures

 Esta noche, buscando tu boca en otra boca,

casi creyéndolo, porque así de ciego es este río

que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,

qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor

sabiendo que el placer es ese esclavo innoble

que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.


Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar

ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni

esperanza.

Solo en mi casa abierta sobre el puerto

otra vez empezar a quererte,

otra vez encontrarte en el café de la mañana

sin que tanta cosa irrenunciable

hubiera sucedido.

Y no tener que acordarme de este olvido que sube

para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos

y no dejarme más que una ventana sin estrellas.


Julio Cortázar

miércoles, 15 de abril de 2015

La energía

“Con el razonamiento puro nos formamos
una imagen sublime de este mundo”;
eso escribió Max Planck, genio inocente.

¿Pero acaso hay razones sin afecto,
pureza sin caprichos,
imagen sin temblores?

Lo curioso es que el físico en su ensayo
la primera palabra que pronuncia
no es evidencia, ley ni hecho:
la primera palabra es entusiasmo.
(Cuando nombro tu cuerpo
no es la urdimbre de músculos radiantes,
de sangre revoltosa y de nervios veloces
lo que digo, artesana; aunque también
la física intervenga en la manera
que tenemos de hablarnos al oído:
la energía del nombre se transmite,
el tacto cobra fuerza y aumenta lo probable.)

Y a ti, Max Planck, que amabas la entropía,
¿qué misterioso impulso de poleas
te empujó a cruzar cartas con un tal señor Sommerfeld
y a intercambiar poemitas como aquel de la flor
que corona tu libro sobre ciencia?


Andrés Neuman

lunes, 13 de abril de 2015

Nuestro mate...

El mate...
no es un vicio,
no es una necesidad
es sentirse argentino.

Es...
besar estas tierras
correr de norte a sur,
besar esas estrellas
que son la cruz del sur.

Tomar mate
es besar el viento
enfrentar las tormentas,
es convivir con nuestro suelos.

Con mate dulce
pasamos mejor las penas,
con mate amargo,
tomamos coraje y enfrentamos la vida.

Tomar mate:
es saber de nuestra tierra
es convivir en canto de aves,
es hablar con los árboles
de nuestra procedencia.

Respetad al mate
por tradición,
es convivir en familia dentro de casa,
es compartir el momento,
es charla interminable en un beso largo de mate.


Es decir...
¡Yo quiero a mi patria,
yo también soy argentino,
y de esta tierra!


The arlequín

martes, 16 de diciembre de 2014

El Gólem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?


Jorge Luis Borges 

domingo, 7 de diciembre de 2014

ALARMA

Cuando la llama
sin aire se ahogue
¡Despiértala! Sirena
Y no digas que es agua,
que allí no se anda,
que la vida no es poesía...
¡Grita con tu alarma!
Rompe la coraza
y anuncia la mañana
Rejuvenece células
teñidas de tiempo
¡Ah, amor y rebeldía!

Ernesto Kahan 

domingo, 9 de noviembre de 2014

VI


Buenos Aires no es
la ciudad de los amantes

al viajar
las flechas se distraen
el otoño
llega a un lugar equivocado
o no llega

los barcos
como pequeños cortejos
entre palabra y palabra
se beben el viento el odio
la triste rosa sexual

es difícil alcanzar
el enigma que se es

naturalmente
la confusión de estar en un cuerpo
nunca emigra
a lo sumo
Buenos Aires muere
como una ciudad inclinada

tienen miedo los barcos
a no poder salir
a no querer salir
de la jaula obscena del lenguaje

en realidad
nada ha empezado todavía
nada podría empezar
cuando buscamos lo absoluto
y no encontramos sino flechas
distraídas

es así
no tan breve la cárcel
no tan breve el cadáver
de la rosa sexual

para salir hay que entrar
no por la izquierda
sino por la izquierda

los barcos mienten cuando escriben
mienten cuando no escriben
las decisiones toman un cariz
un poco
trágico

oh Sócrates
haz música

un motín
en el hogar del miedo
no resuelve el enigma
del miedo del hogar

a lo sumo
como esas flechas que llegan
y nunca han existido

las palabras
mueren como deben

luz encerrada afuera
ciudad que no he de escribir


María Negroni

sábado, 8 de noviembre de 2014

En el laberinto

Más de veinte mil días avanzando, siempre penosamente,
siempre a contracorriente,
por esta enmarañada fundación donde giran los vientos
y se cruzan en todas direcciones paisajes y paredes tapiándome la puerta.
No sé si al continuar no retrocedo
o si al hallar un paso no confundo por una bocanada de niebla mi camino.
Tal vez volver atrás sea como perder dos veces la partida,
a menos que prefiera demorarme castigando las culpas
o aprendiendo a ceñir de una vez para siempre los nudos de la duda y el adiós,
pero no está en mi ley el escarmiento, la trampa en el reverso del tapiz,
y tampoco podré nacer de nuevo como la flor cerrada.
Habrá que proseguir desenrollando el mundo, deshaciendo el ovillo,
para entregar los restos a la tejedora,
comoquiera que sea, en el extremo o en el centro, a la salida.
He visto varias veces pasar su sombra por algunos ojos,
cubrirlos hasta el fondo;
varias veces graznaron a mi lado sus cuervos.
Perdí de vista fieles paraísos y amores insolubles como las catedrales.
Encontré quienes fueron mis propios laberintos dentro del laberinto,
así como presumo que comienza uno más donde se cree que éste se termina.
Extravié junto a nidos de serpientes mi confuso camino
y me obligó a desviarme más de un brillo de tigres en la noche entreabierta.
Siempre hay sendas que vuelan y me arrojan en un despeñadero
y otras me decapitan vertiginosamente bajo las últimas fronteras.
Recuento mis pedazos, recojo mis exiguas pertenencias y sigo,
no sé si dando vueltas,
si girando en redondo alrededor de la misma prisión,
del mismo asilo, de la misma emboscada, por muchísimo tiempo,
siempre con una soga tensa contra el cuello o contra los tobillos.
A ras del suelo no se distingue adónde van las aguas ni la intención del muro.
Sólo veo fragmentos de meandros que transcurren como una intriga en piedra,
etapas que parecen las circunvoluciones de una esfinge de arena,
corredores tortuosos al acecho de la menor incertidumbre,
trozos desparramados de otro mundo que se rompió en pedazos.
Pero desde lo alto, si alguien mira,
si alguien juzga la obra desde el séptimo día,
ha de ver la espesura como el plano de una disciplinada fortaleza,
un inmenso acertijo donde la geometría dispone transgresiones y franquicias,
un jardín prodigioso con proverbios para malos y buenos,
un mandala que al final se descifra.
Ignoro aquí quién soy.
Tal vez alguien lo sepa, tal vez tenga un cartel adherido a la espalda.
Sospecho que soy monstruo y laberinto.

Olga Orozco

viernes, 7 de noviembre de 2014

¡Piqueteros!

Presos de Villa Las Rosas
acompañan la batalla
heroica de Tartagal:

doscientos los piqueteros
en el corte de una ruta
por el trabajo y el pan

Si un romance yo supiera
o una coplita labrada,
plata y lágrima escribir

en la ruta treinta y cuatro
hubo familias enteras
alzándose en el humo

que corta las carreteras
aquí en el Sur. General
Mosconi: ¡estamos! Monteros:

!También!, Tartagal del norte:
!aquí! y después en Salta
lavan la vergüenza esos

estudiantes que juntaron
a diezmil. Si hacen juego
haremos fuego señores

doscientos ante los mil
policías y gendarmes
que vinieron a barrer

la voz del hambre. Los presos
de Villa Las Rosas dicen
acompañan la pueblada

haciendo su motín. Vuelve
compañeros y tenemos
que aprender, ni siquiera

un romance o coplita
labrada en plata y lágrima
podemos ofrecer

Qué ruta larga... tiempo
da de abrir los ojos
sin olvidarnos

del corazón esta vez.

Diana Bellessi

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Mineral Water

No es la curiosidad metafísica
la que organizó esta excursión
pero igual podemos darnos una vuelta
por la etiqueta de agua mineral.
El bosque es frondoso aunque está domesticado,
cada veinte metros tachos de basura,
quinchos con parrilla y luz artificial, cada diez.
Ráfagas de pavimento suben hacia las colinas
donde los ciervos se pasean indiferentes.

Con movimientos de taichí
una ardilla nos sale al cruce,
otra prefiere aferrarse a la convicción
de que está mimetizada con el árbol.
¿A quién te hace acordar?

Bajo un sol al dente, cerca del río,
las familias preparan sus almuerzos domingueros
según las coordenadas hegelianas…
Cuando se vayan
cuando las puertas del último auto
se cierren de un golpe,
las aves empezarán a graznar
y a acicalarse mutuamente en los árboles.

A más oscuridad más ruido.
Y el parque suena como una casa de videojuegos
al aire libre.

Espinoza: “Si una piedra arrojada al aire
tuviera conciencia de sí misma,
seguramente pensaría
que se mueve por su propia voluntad”.

Ahí va la piedra de Spinoza.
Donde cae, los patos corren desesperados.
El nenito negro se prueba su equipo de fútbol americano,
el chico le dice a la chica: “Si no pensás en nada,
si no pensás, vas a oír al lápiz de Salinger
girando en el sacapuntas”.

Después de la comida viene el postre,
después del postre la siesta.
Ahora hay música en las radios
y el acontecimiento de las generaciones
pasa con indiferencia sobre nuestros cuerpos.

Con pecheras rojas y naranjas
equipos de remeros surcan el río.
Cantan una canción que habla
sobre la sombra que le imprimimos
a lo que intentamos conocer.

Fabián Casas

martes, 4 de noviembre de 2014

Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo
di
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé                       y tanto,
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando
        siempre
por qué
Si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuándo


Oliverio Girondo

martes, 9 de septiembre de 2014

El infierno Musical


Golpean con soles

Nada se acopla con nada aquí

Y de tanto animal muerto en el cementerio de
huesos filosos de mi memoria

Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar
entre mis piernas

La cantidad de fragmentos me desgarra

Impuro diálogo

Un proyectarse desesperado de la materia verbal

Liberada a sí misma

Naufragando en sí misma.

Alejandra Pizarnik 

domingo, 20 de julio de 2014

Inventario de mis días

Como no se vivir
y ya no encuentro cómodo
llorar cada mañana,
como no sé vivir —insisto—

mientras vivo y desvivo 
levanto el inventario de mis días. 
Me palpo, me recorro,
con cualquier cosa compruebo mi existencia,
por medio de una voz,

de una sonrisa

o de cualquier mujer,
sé que estoy vivo.
Antes de despedir la madrugada
busco, revuelvo entre los trastos viejos,
y encuentro una palabra,
la desarmo,
le abro su panza de aserrín,
vuelvo a coserla igual que un minucioso cirujano
y escribo mi poesía.
Dando vueltas junto a los minuteros
tropiezo con el mismo ángulo recto
que invade a la mañana la oficina.
Prolijamente saludo a los relojes,
me anticipo a los pájaros ficticios,
digo que sí y que no con la cabeza.
Alargo inútilmente la memoria,
busco números claves con anteojos,
recorro con los dedos el lomo de la tarde,
giro sobre un sillón de cuero con sordina,
sumo porcientos grises, cifras azules y columnas rojas,
escribo sobre libros tremebundos,
pronuncio la palabra bibliorato
ochenta y cuatro veces por minuto;
comento un accidente, un crimen, media guerra,
y elogio los dobleces de algún sueño
para arrugarlo luego.
Enarbolo la pipa sobre el labio,
vuelvo a decir que sí de mala gana,
me angustio, resoplo, dramatizo,
a veces nombro a Sartre, a Dios, a Sanfilippo.

Huyo de mí,
me ignoro,
no me quiero.
Después, cuando el cansancio
comienza a recorrerme por la espalda,
saco de los bolsillos mi amor doblado en cuatro,
lo ejerzo tenazmente
y luego con vergüenza lo describo
o tan sólo amontono palabras y las tiro.
Antes de cada noche me apuntalo,
me miro en los espejos,
aliso mi soledad contra la almohada.
Sin que nadie me invite
me meto entre los sueños
o crezco con furia en otros muslos.
A veces también duermo.
O desvarío ante una biblioteca,
ante un poema de Éluard,
ante un Chagall plagiado,
o ante un tango.

Otras veces me siento a la orilla de mis ojos
y me miro asombrado y con espanto.
Me olvidaba,
a veces, también como.
En días de nostalgia
prefiero recordarme
o inventarle memorias a la tarde.
De vez en cuando vuelvo a leer a Borges.
Con la paciencia repito al acostarme
la delantera de Boca en el cincuenta
o escucho a Gardel contra el silencio.
Me desbordo de amigos casi siempre:
ya tengo tantos que nunca alcanza el tiempo
a descifrar sus nombres.
Cuando me quedo solo de espaldas a la noche
enumero los días transcurridos,
vuelvo a la infancia, al olor de los juegos,
converso con mi madre;
Los domingos mi padre sabe todas las respuestas
y todas las historias de aventuras.
Cuando se acaba el juego
evoco a algunos muertos,
voy al cine,
me reflejo en mis ojos preferidos,
aprendo los artículos del Código,
pienso en mi propia muerte
y mientras tanto crezco.

Como no sé vivir,
como no aprendo,
como no me interesan los deberes
ni tampoco me aplico para pasar de grado,
como no sé vivir —insisto—
me conformo con tratar de cambiar,
o simplemente
con inventar la vida
cada día.

Horacio Salas

lunes, 19 de mayo de 2014

Frente al mar


Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.



Alfonsina Storni


domingo, 16 de marzo de 2014

Creía yo


No a todo alcanza Amor, pues que no puede
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

Macedonio Fernández