Mostrando entradas con la etiqueta siglo VI a.C.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta siglo VI a.C.. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de abril de 2013

80

Si un país es sabiamente gobernado,
sus habitantes están satisfechos.

Disfrutan de la labor de sus manos
y no pierden el tiempo inventando
máquinas que les ahorren el esfuerzo.

Puesto que aman tiernamente sus hogares
no están interesados en viajar.

Quizá haya carruajes o barcos,
aunque no van a parte alguna.

Quizá haya un arsenal de armas,
aunque nadie jamás las usa.

La gente disfruta de su comida,
se complace con su familia,
pasa los días de fiesta en su jardín,
se deleita en los quehaceres de la vecindad.

Y aún cuando el vecino país se halla tan próximo
que oyen cantar a sus gallos, ladrar a sus perros,
están contentos de morir a edad avanzada
sin haberlo visto jamás.

Ol' Muchacho Blissett

jueves, 21 de marzo de 2013

Oda a Afrodita

¡Tú que te sientas en trono resplandeciente,
   inmortal Afrodita!
¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico,
   augusta diosa, no consientas que, en el dolor,
   perezca mi alma!
Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez,
   dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes.
Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo,
   a través de los aires agitados por el precipitado batir de sus alas.
Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios inmortales,
   preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía,
   qué nuevo deseo agitaba mi pecho,
   y a quién pretendía sujetar con los lazos de mi amor.
Safo, me dijiste, ¿quién se atreve a injuriarte?
   Si te rehuye, pronto te ha de buscar;
   si rehúsa tus obsequios, pronto te los ofrecerá él mismo.
Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees.
¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos!
¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehúses tu
   ayuda todopoderosa!
Lamento:
Dulce madre mía, no puedo trabajar,
el huso se me cae de entre los dedos
Afrodita ha llenado mi corazón
de amor a un bello adolescente
y yo sucumbo a ese amor.

Lamber McPollo