Mostrando entradas con la etiqueta batania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta batania. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de septiembre de 2013

El amor

Era domingo y yo dibujaba peonzas. Iratxe me dejó. El amor
es un ave sin nido que pone huevos en el aire. El amor
es un sapo que luce joyas de circonio. El amor.

El amor.

Ella era un cruce de fagot y tiburón tigre. Yo quería amputarme
en sus colmillos musicales. El amor es un baile a punta
de pistola. El amor es un juguete de pólvora. El amor.

El amor.

Ella robó el manual de naranjerías. Yo me quedé sin nada. El amor
es el brillo de astracán que oculta al cordero asesinado. El amor
es un mapa que señala al desoriente. El amor.

El amor.

Ella nació de la cópula de los tréboles con la escarcha. Yo era
un hijo corrupto de los cardos. El amor no sabe del fuego
ni la rueda. El amor es un cuervo blanco. El amor.

El amor.

Era domingo y yo dibujaba peonzas. Me dejó
y no quiero olvidarla.


El amor.

viernes, 7 de diciembre de 2012

NOCHES AQUELLAS

Noches aquellas de iguanas calcinadas,
lanzados a fuego por la autopista A-8
a la salida tardía del bar Sebas,
borrachos hasta más allá de las fuerzas,
acelerando desnudos en una Nissan Vanette
que conducía con el pulgar de mi izquierda,
noches aquellas con sabor a velocidad
y a punto de matarnos, Iratxe,
cuando querías torcer el volante contra la mediana
para morir unidos como Filemón y Baucis,
cuando jugabas a esbozar las caras de los urgencias
ante nuestros cadáveres desnudos y espléndidos,
las caras de los bomberos sacándonos con el cortafríos
y limpiándose nuestro semen con repugnancia,
noches aquellas del vino fácil y ardiente,
cuando mi padre era tan alto que nunca se acababa,
cuando tu cuerpo olía a belleza y a lluvia de primavera,
coreando como bandidos las letras de La Polla Records,
totalmente borrachos por el túnel de Malmasín,
totalmente desnudos por Kareaga Goikoa,
conduciendo libres y a mil ruedas por hora
mientras nos quejábamos de la Ertzaintza,
la Ertzaintza que nunca nos paraba,
la Ertzaintza que nunca una multa,
la Ertzaintza que nunca alcoholemia,
la Ertzaintza que no se atrevía.

jueves, 12 de abril de 2012

El muerto

Lo que cuesta mantener a un muerto,
lo que gasta en trajes y dentistas,
lo que agota llevarlo a la espalda
de Atocha hasta Argüelles,
si alguien supiera,
el muerto a cuestas,
todos los días,
lo que cansa vestir
los zapatos del muerto,
las camisas del muerto,
la bufanda del muerto,
si alguien me oyera,
cómo me suena el muerto,
cómo me llora,
cómo me roe,
cómo me grita
a trueno y rompepierna,
cómo me paso las noches
sin hacer un verso
porque no quiere el muerto,
porque no me sabe,
porque no se le ocurre,
no se me inspira,
si alguien entendiera,
lo que cuesta decir
sin pasar por loco
que mi padre vivió
sesenta y siete años
como un jilguero de nieve,
ningún clavo, ninguna tuerca,
ninguna mancha,
si alguien creyera,
y desde que vive
muerto
me obliga y me retuerce,
me ordena y me llama el muerto,
me apunta y me requiere,
siete años ya,
si alguien pudiera...
Batania