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jueves, 26 de marzo de 2015

Pasatiempos

hacer brotar un mundo de la nada
pero no por razones de peso
por fregar solamente - por joder

desafinarle la guitarra al padre
masturbarse con pétalos de rosa
tonsurar a los hermanos menores
escribir aforismos en las murallas

asaltar a un anciano decrépito
discutir con los Doctores de la Ley
dispararle pelotillas al sacerdote
durante el desarrollo de la misa solemne
simular un ataque epiléptico
mientras alza la hostia consagrada
hacerse el cucho en un accidente del tráfico

expectorar en la capilla ardiente

acariciar un gatito romano
abrocharse y desabrocharse el marrueco
-si les parece me lo vuelvo a desabrochar-
demoler el Hospicio
postergar indefinidamente la noche de bodas

seguir un curso por correspondencia
crucificar a Cristo Jesús
contraer una Enfermedad Venérea
someterse a un Examen de Orina
operarse de Cáncer a los Riñones
agobiar a los Padres de la Iglesia
con preguntas que no vienen al caso

cocinar un sombrero de cura
a vista y paciencia de la Santa Sede

pronunciar un discurso patriótico
pero no por razones de peso
por fregar - solamente por joder
Señoras y Señores aunque no vengo preparado...

masacrar a quemarropa a la familia del Zar
incendiar la Biblioteca de Alejandría
descuartizar mujeres embarazadas
al más puro estilo Lyndon B. Nixon
aquí no se respeta ni la ley de la selva


Nicanor Parra

jueves, 23 de octubre de 2014

Soliloquio del individuo

Yo soy el Individuo. 
Primero viví en una roca 
(allí grabé algunas figuras). 
Luego busqué un lugar más apropiado. 
Yo soy el Individuo. 
Primero tuve que procurarme alimentos, 
buscar peces, pájaros, buscar leña 
(ya me preocuparía de los demás asuntos). 
Hacer una fogata, 
leña, leña, dónde encontrar un poco de leña, 
algo de leña para hacer una fogata, 
yo soy el Individuo. 
Al mismo tiempo me pregunté, 
fui a un abismo lleno de aire; 
me respondió una voz: 
yo soy el Individuo. 
Después traté de cambiarme a otra roca, 
allí también grabé figuras, 
grabé un río, búfalos, 
grabé una serpiente, 
yo soy el Individuo. 
Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía, 
el fuego me molestaba, 
quería ver más, 
yo soy el Individuo. 
Bajé a un valle regado por un río, 
allí encontré lo que necesitaba, 
encontré un pueblo salvaje, 
una tribu, 
yo soy el Individuo.
Vi que allí se hacían algunas cosas, 
figuras grababan en las rocas, 
hacían fuego, ¡también hacían fuego!, 
yo soy el Individuo. 
Me preguntaron que de dónde venía. 
Contesté que sí, que no tenía planes determinados, 
contesté que no, que de ahí en adelante. 
Bien. 
Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río 
y empecé a trabajar con ella, 
empecé a pulirla, 
de ella hice una parte de mi propia vida. 
Pero esto es demasiado largo. 
Corté unos árboles para navegar, 
buscaba peces, 
buscaba diferentes cosas 
(yo soy el Individuo). 
Hasta que me empecé a aburrir nuevamente. 
Las tempestades aburren, 
los truenos, los relámpagos, 
yo soy el Individuo. 
Bien. Me puse a pensar un poco, 
preguntas estúpidas se me venían a la cabeza, 
falsos problemas. 
Entonces empecé a vagar por unos bosques. 
Llegué a un árbol y a otro árbol, 
llegué a una fuente, 
a una fosa en que se veían algunas ratas: 
aquí vengo yo, dije entonces, 
¿habéis visto por aquí una tribu, 
un pueblo salvaje que hace fuego? 
De este modo me desplacé hacia el oeste 
acompañado por otros seres, 
o más bien solo. 
Para ver hay que creer, me decían, 
yo soy el Individuo.
Formas veía en la obscuridad, 
nubes tal vez, 
tal vez veía nubes, veía relámpagos; 
a todo esto habían pasado ya varios días, 
yo me sentía morir; 
inventé unas máquinas, 
construí relojes, 
armas, vehículos, 
yo soy el Individuo. 
Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos, 
apenas tenía tiempo para sembrar, 
yo soy el Individuo. 
Años más tarde concebí unas cosas, 
unas formas, 
crucé las fronteras 
y permanecí fijo en una especie de nicho, 
en una barca que navegó cuarenta días, 
cuarenta noches, 
yo soy el Individuo. 
Luego vinieron unas sequías, 
vinieron unas guerras, 
tipos de color entraron al valle, 
pero yo debía seguir adelante, 
debía producir. 
Produje ciencia, verdades inmutables, 
produje tanagras, 
di a luz libros de miles de páginas, 
se me hinchó la cara, 
construí un fonógrafo, 
la máquina de coser, 
empezaron a aparecer los primeros automóviles, 
yo soy el Individuo. 
Alguien segregaba planetas, 
¡árboles segregaba!, 
pero yo segregaba herramientas, 
muebles, útiles de escritorio,
yo soy el Individuo. 
Se construyeron también ciudades, 
rutas, 
instituciones religiosas pasaron de moda, 
buscaban dicha, buscaban felicidad, 
yo soy el Individuo. 
Después me dediqué mejor a viajar, 
a practicar, a practicar idiomas, 
idiomas, 
yo soy el Individuo. 
Miré por una cerradura, 
sí, miré, qué digo, miré, 
para salir de la duda miré, 
detrás de unas cortinas, 
yo soy el Individuo. 
Bien. 
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle, 
a esa roca que me sirvió de hogar, 
y empiece a grabar de nuevo, 
de atrás para adelante grabar 
el mundo al revés. 
Pero no: la vida no tiene sentido.


Nicanor Parra