Ocultad a vuestro hijos.
El bulldozer de la muerte asoma,
allanando los puentes con la carne fresca
y llenando los tinteros con la sangre.
Achicad a vuestros hijos.
Escondedlos en los frascos.
Enterradlos en los jardines, en las plazas...
mil años después,
un torrente les arrastrará
con los residuos, hacia la luz.