¿Qué será la vida sino un camino
y una causa y una consecuencia
de encontrarte en cualquier escenario?
Felicidad, no me abandones nunca,
vaya donde vaya iré despacio
para que puedas darme alcance.
No engendro realidades singulares,
la realidad nace en cada mirada
mas… los dioses solo nacen detrás
de párpados cerrados. ¡Abre tu alma!
y los ojos; y la boca; y observa
y declama lo que muchos ignoran:
los dioses, como Alá, como el dinero,
siempre estarán por encima de uno
y de millones, de miles, de cientos…
pero a veces uno, tan solo uno,
puede doblegar a la mayoría.
Debemos luchar por lo que queremos,
yo, quiero hacer el amor con la vida.
Los años se diluyen en la esfera,
atrapados, como estamos, en cuatro
muros de papel cartón que sirven
de decorado en cualquier película
de acción donde puede morir cualquiera.
Morir no es la razón, ni la causa,
ni el paraíso, ni la consecuencia.
Morir, para la vida, es la certeza.
¡Afortunados, siempre, los humanos!
Nos premiaron con millones de instantes
bellos que disfrutamos una vez…
y no volverán nunca. ¡Carpe diem!
Los dioses no entienden qué es el ahora.
Nosotros, que lo sabemos, pasamos
la vida preocupándonos, cada hora
que pasa, del trabajo, la pareja,
la casa, la amistad o la familia;
casi siempre a todos se nos olvida
lo más importante: que estamos vivos,
que aunque el tiempo, aún lento, nos devora
engullendo años, y meses, y días,
solo estamos aquí para una cosa:
disfrutar cada instante de la vida.
Mostrando entradas con la etiqueta alberto guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alberto guerra. Mostrar todas las entradas
domingo, 2 de diciembre de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
Aún
Sé que aún te quiero porque aún me dueles,
no hay forma de entender que ya no hay nada,
tus recuerdos tienen más relevancia
que cualquier plan de futuro, me dices
que las promesas a uno mismo son
inquebrantables, cuando no es seguro
que tu cuerpo haga caso de tu alma.
Acostumbrarse a ti, sentir contigo,
dejar que la rutina cautivara
nuestro pacto como amigos, pensar
que la vida es fácil solo a tu lado,
o quizá difícil, pero auténtica.
Creemos confundir a los que ven,
y a mí, que estoy ciego, me desconciertas;
yo, aún no entiendo a qué jugamos, tú
pareces tener ya las cosas claras
pero engañas con descaro al olvido
diciendo, a veces, que no te acuerdas
de nada que mereciera la pena
en nuestro cuento de hadas para niños
que no creen en los finales felices,
que malviven en castillos de arena.
Continuo en esa isla, cautivo,
de un romance de verano que sigue
prisionero de una fortaleza
que el tiempo difumina en un tic-tac
de seres vivos; ha revoloteado
la esperanza entre el mar y el cielo
y se ha perdido; mi esfuerzo y mis ganas
son solo de echar de menos, peco
de poco valiente en momentos críticos,
y a veces dudo si soy sincero,
sin tus abrazos, pinto el frío, vuelas
por todo el mundo mientras yo naufrago
en el infierno… de no olvidarte;
entre mis temores, soy rey y señor
de una isla sin nombre donde nunca
podré encontrarte, soy un dios y un náufrago,
un silencio y un acorde, poseo
el ardid que tú me donas al ser
dueño de la hipnosis de la noche,
menos de ti, de cualquier cosa
puedo beber, también emborracharme,
menos de tus besos, de tu boca
maldita, que tantas veces sueño
devorándome, necesito ir
a otro lugar, quiero escapar de ti…
y a la vez no dejar de recordarte.
Sobrevivo con los versos que tú
no sabes que aún te escribo, a escondidas,
aunque sufra en silencio lo prefiero,
mejor incubar dolor que admitir
que no te tengo… y nunca serás mía.
La idea de un futuro me corroe
por dentro, soy incapaz de borrarte,
de arrancarte de mi calendario,
la incertidumbre me hace trizas
y me hace ser, también, mejor persona.
El miedo, eso es lo peor; el miedo
indescriptible a que encuentres en alguien
lo que no quieres descubrir en mí;
he convertido el temor en hábitat,
también el optimismo en mi rutina.
Tú dices que está muerto, (el amor)
yo creo que aún respira, pues no hay nada
que nazca dentro de una persona
y perezca de por vida; se dice
“donde hubo fuego siempre quedarán
cenizas”, y yo, que aún veo llamas
sobre mi cuerpo, solo puedo decirte
que nuestro amor es el primer cuarteto
de un poema que quisiste dejar
a medias sin apenas sospechar
que algún día, por fin, se hará soneto.
no hay forma de entender que ya no hay nada,
tus recuerdos tienen más relevancia
que cualquier plan de futuro, me dices
que las promesas a uno mismo son
inquebrantables, cuando no es seguro
que tu cuerpo haga caso de tu alma.
Acostumbrarse a ti, sentir contigo,
dejar que la rutina cautivara
nuestro pacto como amigos, pensar
que la vida es fácil solo a tu lado,
o quizá difícil, pero auténtica.
Creemos confundir a los que ven,
y a mí, que estoy ciego, me desconciertas;
yo, aún no entiendo a qué jugamos, tú
pareces tener ya las cosas claras
pero engañas con descaro al olvido
diciendo, a veces, que no te acuerdas
de nada que mereciera la pena
en nuestro cuento de hadas para niños
que no creen en los finales felices,
que malviven en castillos de arena.
Continuo en esa isla, cautivo,
de un romance de verano que sigue
prisionero de una fortaleza
que el tiempo difumina en un tic-tac
de seres vivos; ha revoloteado
la esperanza entre el mar y el cielo
y se ha perdido; mi esfuerzo y mis ganas
son solo de echar de menos, peco
de poco valiente en momentos críticos,
y a veces dudo si soy sincero,
sin tus abrazos, pinto el frío, vuelas
por todo el mundo mientras yo naufrago
en el infierno… de no olvidarte;
entre mis temores, soy rey y señor
de una isla sin nombre donde nunca
podré encontrarte, soy un dios y un náufrago,
un silencio y un acorde, poseo
el ardid que tú me donas al ser
dueño de la hipnosis de la noche,
menos de ti, de cualquier cosa
puedo beber, también emborracharme,
menos de tus besos, de tu boca
maldita, que tantas veces sueño
devorándome, necesito ir
a otro lugar, quiero escapar de ti…
y a la vez no dejar de recordarte.
Sobrevivo con los versos que tú
no sabes que aún te escribo, a escondidas,
aunque sufra en silencio lo prefiero,
mejor incubar dolor que admitir
que no te tengo… y nunca serás mía.
La idea de un futuro me corroe
por dentro, soy incapaz de borrarte,
de arrancarte de mi calendario,
la incertidumbre me hace trizas
y me hace ser, también, mejor persona.
El miedo, eso es lo peor; el miedo
indescriptible a que encuentres en alguien
lo que no quieres descubrir en mí;
he convertido el temor en hábitat,
también el optimismo en mi rutina.
Tú dices que está muerto, (el amor)
yo creo que aún respira, pues no hay nada
que nazca dentro de una persona
y perezca de por vida; se dice
“donde hubo fuego siempre quedarán
cenizas”, y yo, que aún veo llamas
sobre mi cuerpo, solo puedo decirte
que nuestro amor es el primer cuarteto
de un poema que quisiste dejar
a medias sin apenas sospechar
que algún día, por fin, se hará soneto.
sábado, 1 de enero de 2011
Poeta: Alberto Guerra
Alberto Guerra Obispo, nació en Orcasitas (Madrid) en 1986. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, gran amante de las tapas y el buen vino, compagina su pasión por el Carpe diem con la enseñanza y la literatura. Trabaja como profesor de español para extranjeros. Ha participado en el Ciclo poético El Ovillo de Ariadna; también ha recitado en lugares tan dispares como Bukowski Bar, La Tabacalera, o el Espacio Joven 14-30, donde se le consideró casi un hijo adoptivo desde 2007 a 2009, gracias a la cantidad de cursos realizados (Bululú, Cuentacuentos, Creación literaria…) y a los premios conseguidos (“Poesía al instante” y “Torneo Futbolín”, ambos en 2008). También allí, pero en 2009, conoció a siete jóvenes con los que formó el grupo literario “Albaricoques verdes” y publicó un libro en 2010, “Hay un lugar”, con Ediciones Pigmalión. Con esa misma editorial, publicó, ya en solitario, “Séxtasis”, en 2012. Actualmente ha escrito varios guiones de cortometrajes y está inmerso en el rodaje de uno de ellos (El candidato), mientras participa mensualmente en el ciclo de poesía “Lo prometido es duda”, los segundos jueves de cada mes en el Bar Cuchuffo (C/ Argumosa 12) junto a cuatro grandes poetas y amigos: Lydia Alcaraz, Gonzalo Benito, Víctor Sierra y Sesi García.
Facebook: Alberto Guerra Obispo
alberto_guerra22@hotmail.com
Facebook: Alberto Guerra Obispo
alberto_guerra22@hotmail.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)